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Jun 07

El Ala 23, ubicada en la Extremeña base de Talavera la Real, es la encargada de la instrucción (teórica y de vuelo) de la Fase de Caza y Ataque a todas las promociones de pilotos de combate del Ejército del Aire.

Estos pilotos, que ingresan cada año en un bajísimo número procedentes de la Academia General del Aire, representan a un grupo de escogidos entre los mejores de su promoción, la crème de la crème, y de ahí su apodo relacionado con un conocido producto de la tierra: los “Patas Negras“.

La formación de estos pilotos se realiza con el Northrop F-5M Freedom Fighter, un reactor bimotor (diseñado y construido en la época de la guerra de Vietnam) con prestaciones y capacidades muy superiores a las del CASA C-101 de la formación de vuelo básica, y que aún así sólo representa un paso intermedio hacia los cazas de altas prestaciones que estos futuros pilotos de combate volarán en sus escuadrones operativos, como el F-18 Hornet (C.15)o el Eurofighter Typhoon (C.16).

Estos aspirantes a piloto de combate son alumnos de 5º curso de la AGA cuya experiencia previa aeronáutica, aunque pueda parecer increíble, es de tan sólo 150 horas de vuelo: unas 50 horas en la E-26 Tamíz (una avioneta) y otras 100 horas de vuelo en el C-101 Aviojet (el famoso “culopollo”), por lo que realmente se requiere una habilidad innata para hacerse con el F-5 y poder seguir el ritmo de la instrucción, superando todos los retos sin ser “reasignado” al Curso de Transporte, o al de Helicópteros.

La vida es muy dura para los que pretendan llegar hasta el final del Curso de Caza y Ataque: vuelo en formación, maniobras tácticas, acrobacia, tráficos, reuniones, roturas, yo-yos de alta y de baja, aproximaciones, virajes, pop-ups, maniobras de tiro, de máximos g’s, posiciones de co-flow y counterflow, comunicaciones de combate…, y así, un innumerable cantidad de conocimientos y habilidades que el alumno debe interiorizar a la primera y sin posibilidad de error

Esta criba y selección constante hace que únicamente los más preparados puedan superar todas las pruebas, y sobretodo, asimilar y sacar partido a la presión del “proto” el instructor asignado que, con una mezcla de mano firme y psicología paternal, deberá sacar lo mejor del alumno (y seguramente salvarle la vida más de una vez).

Si lo consigue, estará preparándole para superar con éxito los planes de instrucción de los sistemas de armas más avanzados y complejos del mundo.

Y es que el alumno debe aprender no sólo a volar el avión, sino a combatir con él, y todo ello condensado en un año y poco más de 100 horas de vuelo!

Via Jaime Muñoz Fisac

About the Author

Joan de Batlle

Piloto #aerotrastornado y administrador del blog. Hago otras cosas, pero siempre con ganas de volar...

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