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Jul 29

Uno de los principales peligros que sufren las operaciones aéreas en conflictos bélicos como el de Iraq, es el ataque con misiles SAM (Surface-to-Air Missile) cuando se encuentran en aproximación final para la toma. En ese momento, los aviones se encuentran a poca altura, vuelan relativamente lentos y, además, siguen una trayectoria recta en descenso perfectamente predecible. Vamos, que es poco menos que un blanco perfecto, incluso con los anticuados lanzadores de cohetes guiados por infrarojos como los SA-7 y SA-14, fabricados y exportados masivamente por la Unión Soviética durante la guerra fría.

Si a ello se le suma el hecho de que muchos de estos lanzacohetes pueden ser operados por una sola persona, que puede apostarse con antelación bajo la senda del avión, realizar el lanzamiento y huir antes de que haya tiempo para reaccionar, se puede calibrar el riesgo que supone el transporte en áreas de conflicto activas.

Para minimizar este peligro, se realiza el llamado aterrizaje de combate. Este consiste en volar a una altura que nos mantenga fuera del alcance de tiro hasta la vertical del aeropuerto y, una vez dentro del perímetro asegurado por las fuerzas en tierra, realizar un pronunciado descenso en espiral, o “tirabuzón” hasta la cabecera de la pista.

Esta maniobra, además de someter a carga y pasaje a unos cuantos G’s, requiere un nivel de coordinación y habilidad especialmente alto del piloto, para juzgar en todo momento la altura y velocidad (horizontal y vertical) y sacar al avión del viraje a la altura idónea para la toma y perfectamente alineado en el eje de pista. En el vídeo vemos un C-130H realizando un aterrizaje no apto para cardíacos !

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Joan de Batlle

Piloto #aerotrastornado y administrador del blog. Hago otras cosas, pero siempre con ganas de volar...

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